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martes, 9 de octubre de 2007

Breve historia de la porcelana

Buscando reproducir una arcilla que imitara al jade, los chinos, inventaron la Porcelana.
Ello fue, aproximadamente en el año 700 D.de C. durante la dinastía Táng 681-906 D. de C. Estaba constituída por una arcilla blanca llamada kaoling barro chino silicato de aluminio, y otra arcilla feldespato pulverizado que en China se conocía como pai-tun-tzu y en occidente como petuntse. - La porcelana se distingue de los demás productos cerámicos, especialmente de la loza, por ser impermeable y por su transparencia y vitrificación. La belleza de la porcelana china fue muy apreciada por los emperadores, que patrocinaron su florecimiento, logrando piezas excepcionales, que van desde un sencillo plato, figuras, alhajeros, hasta los famosos jarrones que representaban cada época de las dinastías chinas y que aún son asombro del mundo; actualmente encontramos piezas de formas variadas procedentes de diferentes partes del mundo. Luego la porcelana paso a Occidente a fines de la Edad Media, pero por dificultades técnicas no pudo alcanzar su pleno desarrollo hasta el siglo XVIII. Los más antiguos ejemplares chinos datan de la dinastía Shung (960-1259), en cuya época se destacaron los productos de las fábricas de King-Te-Chin, fundada en 1005. El primer período (siglo IX-XIV) se caracteriza por el predominio de las porcelanas grisáceas o pardas y los sencillos dibujos, advirtiéndose en el último momento la influencia del budismo en los motivos decorativos; en el segundo período (siglo XV) predominan las porcelanas azul cielo. El siglo XVI se caracteriza por los tonos azules obscuros, debido a la importación del silicato de cobalto; se prodigan los motivos decorativos y se inicia la técnica de la decoración a base de muchos tonos sobre el fondo blanco, enriqueciéndose el repertorio decorativo a base de motivos ornamentales fitomorfos y zoomorfos, que sustituyen a la figura humana. En la primera mitad del siglo XVII predomina el esmalte verde esmeralda, colocado en gruesas capas, y en la ornamentación, fuentes decoradas con dragones y peces. A fines del siglo se señala un apogeo en la manufactura de la porcelana china, distinguiéndose las procedentes de Tehoa, de una plasta blanca traslúcida, en la que ejecutaron tazas, jarrones, etc., y pequeñas estatuas, y se emplean también tres colores no usados hasta ahora: el carmín, el amarillo fuerte y el blanco, obtenido mediante ácido arsénico, al mismo tiempo que se perfecciona la técnica del esmalte agrietado. A partir del siglo XVIII la técnica de la porcelana china logra su más completo desarrollo; en este mismo siglo se difunde la porcelana rosa con la más delicada decoración, frecuentemente historiada, y a partir de este momento y por mayor contacto con Occidente se inicia la exportación en gran escala. En Oriente, por influencia china, tienen también importancia los talleres japoneses, que se distinguen por sus esmaltes, destacando los de Seto y Kioto. En Europa, aunque se fabricaron algunas piezas en los siglos XVI y XVII, no se llegó a la perfección técnica hasta el XVIII.
La porcelana y el reflejo de costumbres en el siglo XVIII.
Esta cerámica durísima, de pasta blanca transparente, fue una verdadera pasión en el siglo XVIII.
Todo tipo de objetos manufacturados en porcelana poblaron los salones : jarras, palanganas, juegos de te, café, chocolate, toda la vajilla necesaria para comer, candelabros, arañas, pipas, puños de puertas y bastones, chimeneas, apliques planos de porcelana en los muebles, juegos de toilette e incluso habitaciones enteras recubiertas de este material.
Las planchas de porcelana se sostenían con marcos de bronce dorado, continuando la tradición Rococó de relacionar materias diversas.
La historia de la porcelana comienza en China en el siglo II DC, cono lo señalamos más arriba, y fue Marco Polo el que la hace famosa en Occidente.
Desde ese momento, las especulaciones y leyendas sobre su composición son enormes pero será recién en 1709 que Johann Bottzer, joven alquimista del Rey Augusto I, descubrirá su secreto: la calidad especial de la tierra, el caolín aliado a los feldespatos.
Debido a que Occidente tardó tres siglos en obtener una porcelana aceptable, la que se importaba de Oriente acostumbró a los europeos en el gusto por las “chinerías”.
Los temas y motivos exóticos, la decoración extraña, los trajes de los personajes y los paisajes orientales, fueron apreciados y copiados hasta 1735 en que esta moda declinó.
Etienne-Maurice Falconet fue director de la sección de escultura de Sevres y dispuso que los biscuit fueran elaborados por los escultores del siglo XVIII: Duplessis, Pigalle, Lemoyne, Houdon y el propio Falconet modelaron para la Manufactura dándole a este género una gran dignidad plástica.
Los objetos de porcelana contribuyeron enormemente al placer, a la fiesta galante en la que se comía, se reía y se amaba alegremente con la ingenua convicción, de que el estado de todas las cosas no sería nunca alterado. Cerca de Meissen, Böttger fundó una fábrica en la que se perfeccionó la pasta y en la que desde entonces se han elaborado porcelanas de gran calidad.
El éxito de la fábrica de Meissen se debió en gran medida a la extraordinaria creatividad del pintor de la corte Johann Gregor Höroldt (1720-1765) y al notable escultor Johann Joachim Kändler (1731-1775).
Bajo su experto dominio, la producción de objetos y figuras de porcelana de Meissen se convirtió en la envidia de la aristocracia europea y el ejemplo para otras fábricas.
Los delicados diseños de Höroldt, sus temas florales (flores indias y flores alemanas), edificios en miniatura, escenas portuarias y paisajes, aparecieron en juegos de té, servicios de desayuno, vajillas, recipientes, floreros y jarras de cerveza; muchas de las formas se asemejaban a las de las vasijas de plata.
Algunas decoraciones, de vívidos colores, se aplicaban sobre la pasta blanco-lechosa de Meissen y otras se realizaban sobre fondos de color o se enmarcaban con elaborados ribetes de oro. Höroldt fue también autor de diseños que han perdurado, como el motivo de las cebollas, en azul vidriado.
Kändler y sus seguidores llegaron aún más lejos al realizar grandes figuras escultóricas en cerámica para el ambicioso palacio japonés de Dresde, concebido por el elector Augusto el Fuerte, e introdujeron las nuevas formas del rococó en las vajillas y realizaron el modelado de una gran variedad de figuras a pequeña escala, desde retratos hasta recreaciones de algunos oficios y modelos tomados de la commedia dell'arte.
Con la guerra de los Siete Años (1756-1763) Meissen quedó devastada y ni siquiera la dirección revitalizadora del conde Camillo Marcolini a partir de la década de 1770, logró restablecer la buena fortuna de antaño ante la competencia de otras fábricas de cerámica y el auge del neoclasicismo.
Las estrictas medidas de seguridad en torno a Meissen en su primera época no lograron evitar el espionaje industrial, y el secreto de la fabricación de la porcelana se extendió primero a la fábrica de Du Paquier de Viena (1719) y más tarde a la de Vezzi en Venecia (1720); la porcelana hecha en Meissen y decorada por orfebres en Augsburgo también planteaba una fuerte competencia.
Du Paquier fabricaba extraordinarios objetos de uso cotidiano, basados a menudo en las formas de los objetos de plata y decorados con paisajes y flores con exuberante colorido y cuya característica eran las asas barrocas en negro o rojo, con o sin baño de oro.
A partir de 1774, fecha en que compró la fábrica la emperatriz María Teresa, predominó el estilo rococó con una notable producción de figuras dirigida por el maestro modelador Johann Josef Niedermayer.
Durante el neoclasicismo, el maestro modelador Anton Grassi continuó la línea escultórica característica de Viena. Hasta 1864 la fábrica continuó trabajando. En las porcelanas europeas de Meissen y Saxon, en los siglos XVIII y XIX, se retomaron las leyendas y se representó, provistos de instrumentos musicales, a Psyche, Cupido y otros dioses, damas de época lujosamente ataviadas, que interpretaban música en violonchelos, arpas y hasta pianos, como símbolo de refinamiento cultural y pertenencia social.
Con más de1,000 años de historia, la porcelana se ha sostenido en un lugar muy apreciado .
Su textura, resistencia y delicadeza le confieren un sitio de privilegio entre las bellas cosas con las que los seres humanos gustan rodearse.